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Un nuevo fenómeno crece con fuerza dentro de las villas de la ciudad de Buenos Aires. Según una investigación de una antropóloga de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) el 20% de los que habitan hoy un asentamiento precario es inquilino y hasta se llegan a pagar unos 240 pesos al mes por un cuarto propio, sin ventilación ni condiciones de salubridad aceptables.
Este auge del mercado inmobiliario informal es la médula de "Las villas de la ciudad", un nuevo libro de la investigadora María Cristina Cravino que desnuda esta nueva dinámica y desentraña cómo funcionan las relaciones sociales dentro de los barrios.
Según datos oficiales, unas 150 mil personas viven en las villas porteñas y cerca de un millón en el conurbano bonaerense. Y así como se duplicó el número de familias en estos asentamientos desde la década del 90 a hoy, también creció la tendencia de rentar, un modelo que diez años atrás directamente ni existía, tal como reconoce la propia docente en diálogo con Universia.


Tras analizar la situación las villas 31 de Retiro, la "21-24" de Barracas y la "1-11-14" del Bajo Flores, Cravino se encontró que de 2005 a 2006 los precios de los alquileres subieron un ciento por ciento, casi al ritmo del mercado formal.
"En general se pactan en forma individual con el poseedor de la vivienda y suelen tener un valor homogéneo: parten de un mínimo de 120 a 180 pesos por una habitación de 3 x 3 con baño compartido", dice la antropóloga. El año anterior ese mismo cuarto costaba unos 80 pesos.


Tal como revela su trabajo de campo, cada vez más casas crecen con altura y ya existen construcciones sin ningún tipo de control que llegan a los cinco pisos, con diferentes familias en cada uno y en condiciones más que inaceptables para la salud humana.
"Tenemos casos de gente que construyó hasta 10 cuartos en un mismo lote y con graves problemas de edificación. A esto se suma la falta de gas, una tensión eléctrica baja y poca presión de agua: al baño van con el balde", aclara la investigadora a este portal.
Por otro lado, Cravino plantea que "las redes sociales son las que permiten y hacen fluir la información para que funcione el mercado. Acá la única condición que se les exige es que paguen", dice la especialista.
A modo comparativo, la autora de este relevamiento encontró que en villas del conurbano como La Cava de San Isidro y otros asentamientos en Quilmes y San Fernando, los precios son menores porque la demanda no alcanza los niveles porteños.
"La presencia tan fuerte del alquiler en Capital tiene que ver con una menor cantidad de tierras a ocupar y con una presión de estar cerca de las fuentes de trabajo. Por eso las villas que más han crecido son las de la ciudad y en forma tan rápida. Para mi es un circuito perverso de crecimiento que lleva consigo una precarización más notable en las condiciones de vida", puntualiza la docente de la UNGS.
En este sentido, Cravino considera además que a las oportunidades de la ciudad como imán para el crecimiento de los alquileres se suma la dificultad que puede tener para un poblador tomar tierras con el fin de formar un nuevo asentamiento.
"Tiene un costo muy alto porque puede venir la represión policial y el desalojo. Entonces mucha gente necesita un lugar ya y accede al alquiler de piezas en un lugar más o menos bien ubicado", rescata la investigadora en declaraciones a Universia.
Con este panorama, la docente ve cada vez más díficil la posibilidad de regularizar la situación: "hoy es impensable y cada vez la situación se empeora porque hay más gente por metro cuadrado cubierto compartiendo la canilla y la luz".

Es justamente en estas 16 hectáreas que se extienden a un costado de las vías del tren y de la estación terminal de ómnibus donde cada vez proliferan más las construcciones de piezas y cuartos en altura para alquilar. Sólo basta recorrer la Autopista Illia para comprobar que han proliferado casas de hasta cinco pisos sin control.
El propio director del Onabe, Fernando Suárez, avaló la teoría de la investigadora de la UNGS. El año pasado, en declaraciones radiales ratificó que la Villa 31 "se ha convertido en un negocio inmobiliario marginal, donde hay todo tipo de alquileres, alquileres de locales, de vivienda, la villa ha cambiado totalmente. Una buena parte de la villa es un espacio de negocios hoy, donde unos vivos sacan ganancias de la desgracia de muchos".