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Un equipo de investigadoras de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) logró identificar las áreas con más vulnerabilidad sísmica de la ciudad capital y sus alrededores, lo que abre una nueva etapa en la planificación de medidas de prevención para evitar víctimas mortales en caso de terremotos.
De acuerdo con este estudio, encarado por cinco arquitectas del Gabinete de Investigaciones Urbanas (GIUR), perteneciente al Instituto Regional de Planeamiento y Hábitat (IRPHa), el 50% de la superficie del centro urbano tiene vulnerabilidad baja y un 28% de los barrios presentan un riesgo medio. Pero existe también un 20% de zonas donde la posibilidad de desastre por un sismo es alto o muy alto.
Tal como indicó a Universia la directora del proyecto, Nora Nacif, de la Facultad de Arquitectura, el estudio puso en alerta a la comunidad de esa provincia sobre el peligro adicional que corren miles de pobladores debido a que existen casas y asentamientos sin medidas sismorresistentes, especialmente en el conurbano de San Juan.
"En algunos departamentos aledaños a la ciudad Capital persisten construcciones que no se ajustan a la normativa vigente, producto de las condiciones socioeconómicas que llevan a la población a residir en viviendas precarias", apuntó la especialista que investigó la región junto con María del Pilar Espinosa; Nélida Rodríguez y María Elena Batadi.
Tras la experiencia del terremoto del 15 de enero de 1944, que ocasionó la pérdida de 10.000 habitantes y produjo la destrucción casi la totalidad de la ciudad, en su momento la urbe pudo ser reconstruida con un sistema sismorresistente. Sin embargo, no todos los ciudadanos accedieron a este tipo de viviendas y aún representan un porcentaje relativamente alto considerando el riesgo sísmico que tiene la zona.
Al analizar el mapa de San Juan (el égido de la ciudad está delimitado por un cordón blanco), se puede observar en amarillo las zonas con baja vulnerabilidad, mientras que en naranja aparecen las de alta probabilidad de desastre y en verde las de intensidad media. Hacia el Sur del conurbano aparecen en forma clara las zonas bordeaux, es decir donde se daría el mayor riesgo de daños a la población en caso de movimiento telúrico.
Con esta premisa, la UNSJ decidió apuntar sus líneas de investigación en relación a la vulnerabilidad sísmica, entendida como la propensión de personas, bienes y actividades a sufrir daños o modificaciones ante los efectos de terremotos de alta intensidad.
"La mitigación del riesgo sísmico y el manejo de los desastres sólo puede construirse basándose en una clara percepción del riesgo y de la vulnerabilidad, ante un potencial desastre en términos de efectos. Para ello se requiere de herramientas apropiadas que permitan manejar el espacio de la ciudad, en lo referente a la localización de asentamientos humanos, infraestructura, actividades productivas y medidas de organización de la ciudad frente a la emergencia sísmica", destacaron las investigadoras.
Un caso puntual es el del departamento Zonda, al sur de la ciudad capital, donde se detectó que las áreas cuya vulnerabilidad sísmica es más elevada son aquellas donde hay mayor concentración de población y con mayor porcentaje de construcciones no sismorresistentes.
Con estos datos, ahora se espera que las autoridades políticas puedan hacerse eco del relevamiento a través de campañas de prevención y acciones prioritarias como la erradicación de sectores donde la calidad constructiva represente graves peligros para la población involucrada en caso de sismos destructivos, así como también disponer de espacios acondicionados para el eventual albergue de la población damnificada.
"El problema aún no resuelto de la predicción temporal sólo deja margen para actuar en la prevención, entendida como herramienta de mitigación", graficó Nacif, consciente del aporte que tanto ella como su equipo dieron a la comunidad al delimitar qué barrios, en caso de un terremoto, serían los más afectados.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (IMPRES), la mayor parte de la actividad sísmica se concentra en la región centroeste y noroeste de la Argentina. Si bien ésta última ha soportado terremotos destructivos en los últimos 400 años, "éstos no han afectado mayormente a las zonas más densamente pobladas y, en consecuencia, no se le ha dado al problema sísmico la importancia que realmente tiene en función del elevado nivel de peligro sísmico potencial".
Para esta entidad, un terremoto suele medirse de acuerdo con su potencial destructor en materia de construcciones y víctimas. De ahí que el terremoto del 25 de agosto de 1948, con epicentro en la zona este de la provincia de Salta y uno de los más fuertes no sea tan recordado como los sismos que azotaron Mendoza y San Juan como los de 20 de marzo de 1861, donde se marca el inicio de una serie de eventos sísmicos que afectaron a estas provincias.
Según los registros de este ente nacional, el terremoto destruyó totalmente a la ciudad de Mendoza y dejó un saldo de muertos equivalente a la tercera parte de la población, según los informes de la época, y puede considerarse uno de los terremotos más desastrosos del siglo pasado en todo el mundo. Por otra parte, el terremoto del 15 de enero de 1944, que destruyó a San Juan, representa con sus 10.000 muertos, la mayor catástrofe de toda la historia argentina.
El sur argentino, por su parte, si bien ha sufrido en muchos casos las consecuencias de los grandes terremotos chilenos que alcanzaron a producir daños de menor cuantía en las poblaciones limítrofes, aún no registra grandes sismos con epicentro dentro de su territorio.