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orientación vocacional La toma de decisiones en la Orientación Vocacional

Por Virginia Tarsitano. Titular de la Cátedra de Orientación Vocacional de la Facultad de Ciencias Psicologícas y Pedagógicas de la UMSA. Orientadora del Instituto de Orientación Profesional de la UMSA

¿Cuál es la diferencia entre orientar a un adolescente hacia que tome una decisión vocacional y decirle qué carrera seguir? ¿Cuáles son las claves a la hora de reducir el margen de error en la elección? ¿Qué factores personales y socio-económicos actuales prevalecen sobre otros? Alguien se preguntó una vez: ¿Es mejor elegir lo que me conviene o ser feliz con la decisión tomada?

Muchos jóvenes buscan que la respuesta vocacional sea el resultado de un sentimiento espontáneo. Esto lamentablemente no es tan así. Cuando se toma una decisión fundamental, hay que entender que es necesario realizar primeramente un análisis racional y cuidadoso de las partes del problema y postergar para otra instancia lo que apunta el corazón. Es aquí dónde muchas veces se produce la incertidumbre que tanta confusión genera: ¿Cómo decido qué es mas importante? Como un torbellino de ideas aparecen los intereses, las opiniones de otros, las aptitudes, el contexto socioeconómico, los años de estudio, la salida laboral y todo mezclado con Bariloche y tantos otros temas.

Sin duda para realizar este proceso, se requiere un orden para que no se superpongan o mezclen aspectos y temas que no se deben relacionar. Tomar decisiones lleva tiempo y un plan diseñado por etapas. Por ejemplo, si estoy pensando en lo que me gusta, debo primero analizar todas las preguntas relacionadas con estos temas hasta agotar todas las posibilidades. Estos temas pueden ser variados y de distinto orden; lo que me gusta estudiar, lo que me resulta fácil o difícil, las carreras más conocidas, el mercado laboral, la rentabilidad económica, los lugares de trabajo, las diferentes universidades, su ubicación geográfica y/o su prestigio, etc.

Es por esta variedad que hay que saber discriminar, además, qué temas son subjetivos y cúales no lo son tanto, a saber, es medible la aptitud o habilidad que tengo para realizar tal o cual actividad (cálculos matemáticos, capacidad interpersonal, talento gráfico, etc); si desconocemos, podemos pedirles a amigos o adultos que nos conocen que describan aspectos nuestros que consideran buenos, o bien, autoevaluarnos (en caso de que no podamos confiar en quienes nos conocen).

Otra categoría objetiva, que a veces sorprende, es la cantidad de interés que poseemos por distintas áreas; y en caso de no contar con la ayuda profesional que nos brinde también técnicas específicas dirigidas a estos ítems, podemos tomar como ejemplo las materias del colegio, o las carreras que ya conocemos en forma directa.

Esto delimitará campos de interés que podrán luego asociarse o no a campos profesionales. Sin duda saber lo que nos interesa intelectualmente contribuye a enfocar carreras posibles a tener en cuenta. Pero ocurre que, luego, quien tiene que decidir debe asumir con criterio de realidad cuál es el campo profesional en que tiene más chances de progresar, teniendo en cuenta sus aptitudes personales.

Una decisión vocacional madura tiene en cuenta el "quién soy" y el "quién quiero llegar a ser". Finalmente pensar en qué deseo o qué me conviene entra dentro de la subjetividad de cada uno, lo cual puede resultar abrumador, pero sin duda vale la pena preguntarse y reflexionar con otros.

En la orientación vocacional aprendimos que no fracasa en su decisión aquel que puede llegar a cambiar de opinión; sino el que se inscribe en una carrera sin elegir o madurar alguna idea que le permita asumirse como protagonista de su propia vida.


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